Ann Wauters y un verano de cuatro minutos como despedida

Tras no estar con la selección en el Eurobasket de Valencia y de contar muy poco en pista en cuanto a minutos en pista se refiere, la gran referente del basket belga durante los últimos 20 años deja el baloncesto tras una carrera de éxito donde marcó el camino de toda una generación que ya está brillando.

La última canasta de Ann Wauters en activo. Foto de FIBA.

Ann Wauters jugó 4:05 minutos en los que anotó 2 puntos y 2 rebotes en el único partido que disputó en toda la temporada para cerrar una carrera de auténtico vértigo, cuya huella principal fue poner en el mapa el baloncesto belga, siendo la líder de una generación y referencia de la siguiente, dando pie a que el equipo nacional lograse 2 bronces europeos (ella formó parte del logrado en 2017 pero no en el de este verano) y además fue elegida en el número 1 del draft de la WNBA por las Cleveland Rocks (equipo que no existe actualmente), siendo la jugadora más joven de la competición en aquél momento (19 años) y además de la primera jugadora de su país en lograr alcanzar la competición americana, haciéndolo por la puerta grande al ser la elección más alta en la ceremonia de entrada a la mejor liga femenina del mundo.

La pívot lograría ganar la WNBA en 2016, con el equipo de Los Ángeles Sparks, tras ganar un total de 4 Euroligas con clubes como el Valenncienes francés, donde empezó su carrera profesional, con el Ekaterimburgo y con el mega proyecto del Ros Casares (antes de desaparecer) en el año 2012. Además de ello, se le suman competición de distintas ligas nacionales y torneos como la ‘FIBA Women’s World League‘, una especie de mundial de clubes que organizaba el organismo principal del baloncesto y que logró ganar con Samara en el año 2004, como algunos de los grandes éxitos colectivos logrados por una de las grandes jugadoras interiores que han formado parte del baloncesto europeo a lo largo y ancho de este siglo.

El final de su recorrido olímpico, en el banquillo y con la derrota contra Japón en los cuartos de final, supuso el fin a su periplo en Tokio, una presencia casi testimonial debido a temas de aplazamientos, esfuerzos extra y la sensación de que a la que fuera una de las pívots más dominantes del viejo continente le ha venido de forma especialmente desfavorable que la cita tokiota se atrasase un año completo.

Y todo ello se cerró, deportivamente hablando, con aquél pase de Julie Allemand para que la veterana pívot anotase una cómoda bandeja contra Puerto Rico en el segundo encuentro de la fase de grupos, su única canasta olímpica, pero que servía como broche de oro para la pionera del baloncesto de élite del país centroeuropeo, cerrando un ciclo dorado aunque ciertamente agridulce por no haberla podido ver más en pista en su última gran cita bajo los focos del no abarrotado Saitama Super Arena por las actuales circunstancias, pero dos minutos son la máxima expresión del tempus fugit, que define como ninguna otra locución latina lo que es realmente la vida de una persona que se dedica de forma activa y, casi de forma exclusiva durante una parte de su vida en este tipo de ámbitos, especialmente en un deporte donde cuatro minutos pueden ser un mundo y cambiar una parte de la historia que, en ocasiones, puede ser menos fructífera de lo que podría haber sido.

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